• “EL UNIVERSO MATERNO EN EL CINE DE ‘LOS HERMANOS DARDENNE’. A PROPÓSITO DE EL NIÑO DE LA BICICLETA (LE GAMIN AU VÉLO, 2011)”.
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“EL UNIVERSO MATERNO EN EL CINE DE ‘LOS HERMANOS DARDENNE’. A PROPÓSITO DE EL NIÑO DE LA BICICLETA (LE GAMIN AU VÉLO, 2011)”.
in Cine this entry has No hay comentarios by Almudena Verdés

En este artículo planteamos un recorrido a través del relato cinematográfico El niño de la bicicleta (Le Gamin au Vélo, 2011) de los directores belgas Jean Pierre y Luc Dardenne, conocidos internacionalmente como Los hermanos Dardenne. Este film constituye el octavo dentro de su filmografía de ficción y consideramos recoge lo más esencial del universo materno creado por estos autores. El objetivo principal de este trabajo es el de analizar el texto fílmico e indagar en la configuración del deseo femenino-materno de la protagonista a través de su relación con el personaje masculino protagonista, un niño.

1. INTRODUCCIÓN Y OBJETIVOS

Nuestra hipótesis se basa en la afirmación de que el sentido narrativo de la película El niño de la bicicleta, enfatiza la posición femenino-materna. Este énfasis en la posición materna es consecuencia de la inevitable irrupción de la crisis y caída de la figura masculino-paterna, rasgo ideológico característico, entre otros, de la cultura posmoderna. Para trabajar con estos parámetros hemos aplicado un análisis textual a partir de los principios teóricos que fundamentan la metodología que se incluye en la teoría del Relato desarrollada por Jesús González Requena y cuyas disciplinas destacables son la narrativa y el psicoanálisis.

1.1 Objetivos

Hemos relacionado por lo tanto la emergencia de determinados conceptos como son la presencia de la ideología posmoderna en el relato y el componente ético en la relación materno filial lo que nos ha llevado a conformar el marco teórico desde el que partir en este trabajo de análisis. Para rastrear las huellas de este universo femenino- materno, planteamos una serie de interrogantes.

¿Propone la narración una caída de la identidad masculina y de la función paterna, propia de la posmodernidad, en pro de enfatizar la relación materno-filial que se produce en el relato objeto de nuestro estudio?
¿ Esta relación materno-filial mueve valores éticos ? ¿Podemos suponer, por lo tanto, el sentido del film El Niño de la Bicicleta desde los valores éticos que alberga el personaje protagonista femenino?.Y si esto es así, ¿Podemos pensar que emerge una renovación de la figura materno-femenina que, a través de la ética, es capaz de conciliar al ser humano consigo mismo y con el Otro? En general los films de Los hermanos Dardenne, contribuyen a la comprensión de cuáles son las prácticas que les ofrece la ética a sus personajes para continuar reconciliando su inabarcable voluntad de vivir con el lastre inevitable de nacer en un determinado país, en el seno de una familia pobre o desestructurada, con unas características genéticas y psicológicas prefijadas o con unas circunstancias de salud o enfermedad determinadas y aún así ser capaces de salir adelante relativamente airosos. Según Lèvinas (1997), autor muy citado por Los hermanos Dardenne, solo se puede explicar el ocaso del humanismo, a través de la recuperación ética que de un sentido a la obra humana, esto es, confrontándolo con la experiencia ética de significación que supone el encuentro con el Otro, con la emergencia de la vida a través de la relación con el Otro que surge del valor ético que le otorgan los autores a la maternidad en el entorno de la posmodernidad.

2. METODOLOGÍA

La Teoría del Texto, también desarrollada por Jesús González Requena concluye en un principio básico: que la experiencia subjetiva, emocional, de la contemplación del film sea en todo momento la guía que oriente el análisis (González Requena, 2006, p.7). Afirmando que es el deseo que surge desde las emociones del sujeto, aquello que lo hace contenerse y crear solidez en el entramado del texto. González Requena viene a decir, que lo que moviliza la narración no es una causalidad lógica, sino deseante, ya que pocas veces los Sujetos de la narración actúan de forma lógica y consecuente, sino que más bien lo hacen en base a un determinado deseo.

De este modo, por una parte la obra de Propp Morfología del cuento (1981), proporciona a González Requena las bases de las funciones narratológicas, mientras por otra parte la obra freudiana, en concreto la teoría del Complejo de Edipo, funciona como base de la concepción psicoanalítica del texto y ambas disciplinas narratología y psicoanálisis quedan, de este modo, unidas bajo un mismo fin: comprender la realidad de las pasiones humanas a través de un texto.

En lo que respecta a las funciones narratológicas, González Requena realiza una revisión de la estructura aislada por Propp desde el punto de vista de la problemática edípica. En esta revisión, González Requena interpreta las funciones del cuento y las divide en torno a dos ejes o estructuras diferenciadas.

La estructura de la carencia en la que el Sujeto trata de obtener cierto Objeto del que carece y La estructura de la donación que queda marcada por una Tarea, bien por el propio Sujeto o por un Destinador que la encomienda desde el eje de la Ley, donde el propio Sujeto que es el Destinatario, se confronta con una decisión ética.

González Requena por lo tanto define el relato “como la narración del trayecto del deseo de un Sujeto, configurado por su Tarea y su Objeto”, es decir, con la presencia de los dos ejes: el eje de la donación y el eje de la carencia. Cabe destacar que un relato estructurado desde estos dos ejes, tal y como ocurre en el niño de la bicicleta, es el que determinará el “Relato Simbólico”.

3. MARCO TEÓRICO

Como ya hemos adelantado en el apartado correspondiente a los objetivos, existen varios conceptos que constituyen la base de nuestras hipótesis y dada la complejidad que suponen en los ámbitos filosóficos, psicológicos y sociológicos, conviene apuntar brevemente sus significados. Estos son posmodernidad, ética y feminidad-maternidad.

3.1 Posmodernidad y ética

El complejo fenómeno de la posmodernidad emerge como consecuencia de la caída de aquellos valores racionales que representaban la ley simbólica creada por el hombre con el fin de ocupar el espacio que dejó el Dios cristiano tras su anunciada muerte. En el lugar de la desaparecida autoridad de Dios […]aparece la autoridad de la conciencia, asoma la autoridad de la razón. La huida del mundo hacia lo suprasensible es sustituida por el progreso histórico (Heidegger, 1998, p. 194).

En la posmodernidad, se consolida una nueva cultura que únicamente, en lo que respecta a la ética, mantiene el culto a la eficacia y a las regulaciones sensatas, y aunque la ética ha recuperado sus títulos de nobleza, ya que años atrás la moral se asimilaba al fariseísmo tanto como a la represión burguesa (Lipovetsky, 1994, p. 9), las sociedades contemporáneas, en esta recuperación, cultivan dos discursos aparentemente contradictorios que también veremos bien ilustrados en El Niño de la Bicicleta. Por un lado el de la revitalización de la moral, y por el otro el del precipicio de la decadencia que ilustra el aumento de la delincuencia, los guetos en los que reina la violencia, la droga y el analfabetismo, etc.

Hoy en día obrar moralmente debe significar comportarse de forma intencional, tomar decisiones personales ante diferentes posibilidades, justificar esas decisiones y aceptar la responsabilidad de las posibles consecuencias. Partimos de aquí para analizar hasta que punto los personajes creados por los Dardenne tienen la capacidad de enfrentarse a sus situaciones personales de la mano de la ética y por ende de la transformación individual.

3.2 La maternidad y la ética

Ante la caída del patriarcado como rasgo sintomático de la posmodernidad nos resulta imprescindible dedicar un espacio a exponer el termino de maternidad tanto en lo que respecta a su consideración como práctica individual y social a la que se enfrentan las mujeres, como en lo que se refiere a su construcción simbólica.

Tal y como hemos abordado en nuestro objeto de estudio, la protagonista femenina de El niño de la bicicleta se enfrenta al drama desde un tipo de relación humana socialmente determinada que es la relación femenina y materna.
Silvia Tubert en Figuras de la madre (1996), expone cómo histórica y mayoritariamente en todas las culturas se han dado las organizaciones patriarcales y la mayor parte de éstas han identificado la feminidad con la maternidad.

La sociología y las ciencias humanas a lo largo de su evolución han puesto de manifiesto, desde una perspectiva feminista, que el intento de definir a la mujer exclusivamente como entidad materna, no responde esencialmente a nada, sino que es de nuevo una representación producida por la cultura. Lo que Silvia Tubert propone es el análisis de las propias representaciones y del proceso a través del cual estas representaciones van configurando la realidad.

La maternidad es un conjunto de fenómenos de una gran complejidad que no podría ser abarcado por una única disciplina: la reproducción de los cuerpos es un hecho biológico que se localiza, efectivamente, en el cuerpo de la mujer pero, en tanto se trata de la generación de un nuevo ser humano, no es puramente biológico sino que integra otras dimensiones. […] Por consiguiente, las representaciones o figuras de la maternidad, lejos de ser un reflejo o un efecto directo de la maternidad biológica, son producto de una operación simbólica que asigna una significación a la dimensión materna de la feminidad y, por ello, son al mismo tiempo portadoras y productoras de sentido. Pero éste está también determinado por la lucha de fuerzas en juego tanto en la sociedad como en la cultura (Tubert, 1996, p. 9).

A esto, la autora añade el poder engañoso de la uniformización que mantienen las representaciones de la maternidad, en tanto que esta uniformización, pretende crear una identidad homogénea de todas las mujeres.

El psicoanálisis ha mostrado que el deseo de hijo no corresponde, de ninguna manera, a la realización de una supuesta esencia femenina, sino que es propio de una posición a la que se llega después de una larga y compleja historia, en la que el papel fundamental corresponde a las relaciones que la mujer ha establecido en su infancia con sus padres, tanto en el plano de la triangulación edípica como en el de la identificación especular con la madre. Es decir, el deseo de hijo no es natural sino histórico, generado en el marco de las relaciones intersubjetivas, resultado de una operación de simbolización, por la cual el futuro niño representa aquello que podría hacernos felices o completas (Ibíd., p. 10).

En definitiva lo que el ideal de maternidad ha proporcionado a lo largo de los años, no es la singularidad o las diferencias de cada individuo mujer con respecto a lo que cada una puede ser o desear, sino el acceso a una identidad ilusoria.

Una imagen falsamente unitaria y totalizadora que nos confiere seguridad ante nuestras incertidumbres en tanto parece ser la respuesta definitiva a todas nuestras preguntas. De ahí la necesidad de deconstruir los ideales, las identidades, que obturan ilusoriamente la singularidad del sujeto, para abrir un espacio donde se pueda resituar la maternidad en relación a la dimensión del deseo […] opuesta a una identidad que no puede sino ser mítica. La identificación de la maternidad con la reproducción biológica niega que lo más importante en la reproducción humana no es el proceso de concepción y gestación sino la tarea social, cultural, simbólica y ética de hacer posible la creación de un nuevo sujeto humano.[…] En efecto, la figura -las figuras- de la madre representa el punto de articulación entre el deseo inconsciente – en cuyo origen se encuentra, precisamente, la madre- las relaciones de parentesco en unas condiciones histórico-sociales determinadas y la organización de la cultura patriarcal (Ibíd., p. 10-12 ).

El patriarcado, tras construir una solida base teórica que justificaba a todas luces la relegación de la mujer a un lugar secundario, elaboró una serie de estereotipos y relatos míticos que fueron los encargados de transmitir y arraigar esas ideas preconcebidas acerca de la supuesta naturaleza femenina. Durante mucho tiempo, toda nuestra tradición cultural y filosófica occidental, ha colocado a la mujer del lado de la naturaleza y al hombre del lado de la cultura, pero la maternidad, tal y como nos explica Silvia Tubert, no es puramente natural ni exclusivamente cultural, sino que:Compromete tanto lo corporal como lo psíquico, consciente e inconsciente; participa de los registros real, imaginario y simbólico. Tampoco se deja aprehender en términos de la dicotomía publico-privado: el hijo nace en una relación intersubjetiva originada en la intimidad corporal pero es, o ha de ser, un miembro de la comunidad y, por ello, el vínculo con él está regido también por relaciones contractuales y códigos simbólicos (Ibíd., p.13).

La autora concluye que la madre es, más allá de su función corporal, una metáfora, en tanto en su elaboración radica la capacidad para transformar significados ya existentes e incluso el sistema de significación en su conjunto. Además añade que la concepción de la figura materna como posible metáfora transformadora nos conduciría al desarrollo teórico, entre otros, de la articulación de la maternidad como punto de partida de una ética, sin embargo, la alienación de la mujer en la sociedad patriarcal, no hace posible la transformación de la experiencia materna en un conocimiento transmisible, lo que la ha llevado a ocupar una posición amoral en el sistema filosófico y moral dominante.

Se nos plantea, entonces, el interrogante acerca de si es necesario, para proponer un sistema alternativo, postular que éste se fundaría en nuestra experiencia de lo real, verdadera y mucho mas autentica para nosotras (Ibíd., p. 31).

Lo que propone la autora, es que solo podría establecerse una posición ética, articulando el propio deseo, cuyo reconocimiento es fundamental para la constitución del sujeto, con el reconocimiento de la subjetividad de los otros, con lo que entraña de igualdad y diferencia, es decir, con la aceptación de una legalidad universal.

Los directores belgas, consideramos, han sometido la feminidad a revisión y han propuesto una mirada que ha permitido crear nuevas imágenes femeninas más positivas y liberadoras, haciendo emerger a la mujer como una entidad modernizada respecto a la concepción paternalista universalizada.

4. ANALISIS TEXTUAL: EL NIÑO DE LA BICICLETA.

Tras el camino marcado de la metodología y el marco teórico, pasaremos al apartado del análisis textual de El niño de la bicicleta sirviéndonos del contenido teórico expuesto en las páginas anteriores.
El niño de la bicicleta narra la historia de Cyril, (Thomas Doret) un niño de doce años que es abandonado por su padre (Jéremie Renier). Tras un tiempo sin saber de su progenitor, Cyril escapa de la institución en que vive para ir a buscarlo. No sin dificultades, consigue llegar al domicilio donde ambos convivían y se da cuenta de que su padre ya no vive allí. Mientras tanto, el personal del hogar de acogida ha salido en busca de Cyril que consigue evadirlos refugiándose en un centro médico. Cuando los educadores consiguen entrar en el centro, Cyril se agarra a una paciente que está sentada en la sala de espera tirándola al suelo. La paciente es Samantha (Cécile De France), una peluquera local de mediana edad en quien el niño se escuda para eludir a los educadores que van tras él. Samantha, golpeada por la angustia del niño que ha caído en su regazo y que busca a su padre y a su bicicleta, recompra este objeto de su último propietario y se lo lleva a Cyril al hogar de acogida al que ha sido devuelto. A partir de este momento y tras la reacción compasiva de Samanta, el niño y la peluquera iniciarán una relación. Samantha tratará de descubrir y enseñar al niño los valores morales desde los que vale la pena forjarse como persona. Eso nos permitirá comprender la renovación de lo femenino del lado de la maternidad a partir del componente ético que proponen, según nuestra hipótesis, estos autores.

La crisis y caída de la figura paterna funciona como la punta del iceberg en el film, y nos hará ir descubriendo los rasgos característicos del universo materno que surgen como alternativa en estos tiempos de posmodernidad.
Desde el punto de vista tradicionalmente edípico, el padre debería cumplir para cualquier hijo una función negativa (de Oponente) hasta que se constituye en modelo identificatorio, es decir, de índole simbólica, dado que la identificación se produce con la ley que encarna (González Requena, 2006). De este modo, frente a la identificación imaginaria con la madre, se produce una identificación simbólica con el padre, que deja de encarnar la figura de Oponente (Eje de la Carencia) y se convierte en el verdadero Destinador (Eje de la Ley). Sin embargo en este film la madre (adoptiva), será el modelo identificatorio para el niño y se producirá una identificación de índole simbólica, siendo Samantha el verdadero Destinador. En la identificación con la ley otorgada por Samantha, el niño conseguirá convertirse en un ser independiente, en un Sujeto. Para el niño, por tanto, Samantha, y no su padre, supondrá la conexión con la vida, con lo real.

Nuestro análisis va a partir del encuentro de Cyril con Samantha en la consulta médica, pues consideramos es una de las secuencias más interesantes y reveladoras de este film. En esta secuencia vemos a Samantha por primera vez. Samantha, conmovida por el niño, se nos presenta como un personaje bondadoso, empático y comprensivo.

Agárrate a mí si quieres pero no tan fuerte es la frase que exhala Samantha ante la repentina reacción que tiene Cyril agarrándose a ella y viene a querer decir: puedo ayudarte, pero sin dolor, sin miedo, sin pulsión, con amor.
Samantha ofrece a Cyril desde este primer momento el resguardo, el cobijo, pero sin negar la verdad, sin negar esa verdad donde el ser humano puede construir una palabra (lo simbólico) que le permita seguir viviendo, construyendo y edificando la realidad.

El resto del sistema que acompaña a Cyril (cuidadores, vecindario, personal de la consulta médica) no es un sistema que la enunciación represente como corrupto ni dañado, sino más bien bastante cabal y competente, las estancias del centro, rodeado de un bosque, son acogedoras y agradables, sin embargo el sistema se representa como inadecuado para manejar un contexto posmoderno donde la individualidad y los valores morales ya no están puestos en alza porque lo que está puesto en alza es el valor técnico, que no humano, del trabajo hecho correctamente y no humanamente. Jean-Pierre Dardenne dice lo siguiente refiriéndose a El niño de la bicicleta.

La sociedad fomenta el individualismo. Así que [Le gamín au vélo] es una especie de reacción ante la necesidad de recuperar la noción de vínculo. Un vínculo que no es necesariamente biológico. Como les ocurre a Samantha y a Cyril. (Ruiz de Arcaute, 2011)

Cyril en su lucha por encontrar a su padre y a su bicicleta consigue que los educadores le faciliten la entrada al apartamento donde vivía su progenitor. El apartamento está vacío. Los educadores siguen al niño mientras se inspecciona cada habitación, y Cyril contempla desolado e incrédulo la ausencia de todo: de su padre, de su bicicleta, de cualquier vínculo con su vida. De nuevo la labor de los educadores, es la de demostrar a Cyril que su padre no está, que se ha ido, que ha abandonado el piso y que al menos aparentemente se ha llevado su bicicleta. Sin embargo de nuevo esa presencia masculina aparece desde la ley educativa-técnica o burocrática, una ley que encarna una realidad que se propone despoblar de fantasmas el imaginario del niño, pero una ley que está del lado de la razón y sin embargo desmarcada completamente del verdadero vinculo, del acto simbólico, por lo que no le permite al niño, contemplar humanamente la realidad ni afrontar la vida.

Tal y como expone González Requena (2006), el eje del deseo, por sí solo, sin la estructura que la ley introduce en él, no es más que el eje de lo imaginario. La posesión del Objeto del deseo exige la cualificación del Sujeto a través de la Tarea que el Destinador le encomienda y que, en ello mismo, configura su acatamiento de la ley.

Samantha se presenta en el centro de menores para entregar la bicicleta que ella misma ha encontrado y que Cyril tanto anhelaba recuperar. Podemos decir que es ahora cuando nos damos cuenta de que en la consulta del médico, Samantha se auto donó una Tarea, la de ayudar a Cyril. Poco a poco esta Tarea irá adquiriendo más solidez en la interactuación entre Samantha y el niño que hará que el relato vaya cogiendo peso a nivel narrativo. Podemos decir que aquí ya están marcadas las huellas de este trayecto narrativo del deseo de un Sujeto, configurado por su Tarea y por su Objeto. La actitud que asume la enunciación respecto a la función materna que está adoptando Samantha, la consideramos sin imposturas, clara y concreta. Samantha si bien encuentra su función materna, no lo hace de manera premeditada, buscada, sino que está motivada por la necesidad de ayudar a Cyril, porque ayudarlo encierra en sí mismo un bien que Samantha desea alcanzar. Como formula Adela Cortina,Hay acciones que se hacen por otra cosa, por obtener un resultado con ellas. En ese caso, lo interesante no es la acción misma, sino el fin que se persigue con ella. […] A estas acciones instrumentales, Aristóteles las llamaba “técnicas”, y decía que sólo valen en relación con el fin que se busca con ellas.[…] Por el contrario, hay otro tipo de acciones que queremos hacerlas por sí mismas, porque en sí mismas encierran un bien que queremos alcanzar (Cortina, 2013, p. 133-134)

Sin embargo Samantha entregando la bicicleta a Cyril no solo le ofrece cierta libertad para recorrer su camino, ni supone tan sólo para ella la oportunidad de expresarle a Cyril su dedicación, sino que entregándole la bicicleta al niño, Samantha le está entregando el único Objeto que le vincula al padre, y le abre ahora al niño la puerta al peligro; constantemente tratarán de robársela y ello meterá a Cyril en serios conflictos. Sin embargo, tal y como dice Luciana Percovich, ser madre es un oxímoron.

Es necesario rechazar firmemente la imagen de que el trabajo de proteger, desarrollar, conservar, corresponde a una predisposición cognitiva conservadora, como si las madres quisieran detener todo lo que está en movimiento y obstaculizar toda innovación, novedad y progreso. Se trata de una imagen falsa de lo femenino materno, porque si observamos más de cerca lo que sucede en la relación con los hijos, encontramos lo que la retórica denomina oxímoron, una coincidencia de opuestos. Las madres no solo deben conservar y proteger la fragilidad de la vida, sino que, al mismo tiempo, deben estimular y favorecer el cambio y el riesgo, incesantemente. (Percovich, 1996, p. 238.)

La escena está magníficamente resuelta en un minuto y veinte segundos de plano secuencia hasta que Cyril sale detrás del coche de Samantha para, tras su llamada de atención encomendarle una Tarea, la de cuidar de él.
Vemos por primera vez a Samantha conduciendo su coche, ejerciendo de esta manera el rol dominante en la unidad familiar, una familia monoparental pero como corrobora Cyril, refiriéndose a las palabras del director del centro, una familia. Es precisamente en este punto en el que Cyril le está encomendando la Tarea a Samantha de ser su familia, de acogerle, de cuidar de él. Cyril queda posicionado como Destinador dentro del relato al encomendar la Tarea a la protagonista. Samantha además de acoger a Cyril en su casa, tratará de infundir en él una educación basada en el respeto al Otro. Constantemente Samantha reclama al niño para que de las gracias, que se despida, que tenga buenos modales, en definitiva para que se conforme como Sujeto. Este modo de reaccionar de Samantha hacia Cyril, es lo que realmente infunde a este personaje un valor que la define y consolida como el ideal de lo femenino-materno.

Se requiere como primer gesto ético de las mujeres para salir de la ambigüedad de su posición y firmar el nacimiento del Sujeto femenino, la capacidad de ver, reconocer y significar la propia posición, la propia experiencia en el mundo; es decir, establecer la fidelidad al propio deseo, al propio sexo (Ibídem).

Por otro lado, en esta secuencia aparece un nuevo Oponente, Gilles, el novio de Samantha. En El niño de la bicicleta se rechaza de forma constante el esquema de la Triangulación Edípica, esquema fundamental del psicoanálisis donde nace toda la elaboración de la realidad simbólica del Sujeto del inconsciente y donde participan la madre y el padre. La presencia masculina paterna cae una y otra vez. Primero con el propio padre, luego con el novio de Samantha y posteriormente con Wes, el amigo de Cyril y traficante de droga.

Uno de los momentos más ilustrativos de nuestra hipótesis, viene con la visita de Cyril a su padre. El sentido renovado de la maternidad que estos autores quieren imprimir al relato, se hace de nuevo presente. Samantha cuenta la verdad a Cyril; su padre no tiene el menor interés por él, sin embargo la manera que tiene Samantha de relatar la crudeza al niño, va unida a la dulzura que se espera de una madre, como mencionábamos en su encuentro; con amor, sin dolor.

El encuentro del padre vendrá determinado por la absoluta ausencia de toda sensibilidad. Basándonos en nuestra metodología encontramos en la figura del padre al verdadero Antagonista. Pese a que Samantha se había marcado la Tarea de encontrarlo, la realidad es que el padre se muestra como el mayor enemigo del hijo y por lo tanto Samantha se acabará dando cuenta de que la Tarea a lograr, va más allá de la búsqueda del padre.

Al padre, Objeto de deseo y Oponente para Cyril, le corresponde un esquema del relato caracterizado por aguardar como Oponente un deseo distinto al del Sujeto. Es decir, Sujeto y Oponente buscan fines diferentes, o mejor dicho, fines antagónicos. Guy actúa como un padre retraído, solitario e insociable y que prefiere que Cyril desaparezca para siempre, dejarlo a su suerte. Frente a las mentiras del padre al hijo,se nos presenta aquí una secuencia que exhala verdad por todas partes. Samantha confrontará al padre consigo mismo. Para González Requena, la verdad es necesariamente narrativa, pues requiere del tiempo para poder manifestarse (Óp. Cit., p. 556). Pero, no solo del tiempo sino, como dice el autor, requiere también de la enunciación: y es que la verdad y la mentira no residen en el enunciado, sino en la enunciación […], en el sentido del acto […], del acto que sustenta la palabra que dice (Ibíd., p. 82) .

Samantha también aquí conoce al padre en su envergadura de ser deshumanizado. El pragmatismo y frialdad con la que habla respecto al abandono de su hijo, por que me estresa, nos resitúa ante un individuo con una visión fragmentada de la realidad, incapaz de concebir una idea de autoconciencia o identidad más allá del nivel personal, egoísta y narcisista, todas ellas características propias de los individuos que se encuentran atrapados en el fluir de una sociedad postmoderna.

El padre como fruto de la posmodernidad ve la realidad de forma fragmentada, sin acertar a entender que tiene un hijo y que tiene la responsabilidad de hacerse cargo de él. Por el contrario cree que olvidándose de su vida anterior, anulará la existencia de Cyril. Guy renuncia completamente y sin culpa alguna a su compromiso ético y biológico. Esta es la secuencia esencial donde se produce la más angustiosa desmembración y caída de los valores del patriarcado. Tropezamos por un lado con que la función paterna está esquematizada solamente en la frustración y en la castración, y por otro con que ese derrumbamiento y caída de la figura paterna tiene que ver con la ausencia de toda ética e integridad.
Samantha no puede permitir que a Cyril le engañe su padre y desde el amor se propondrá una nueva Tarea, la de guiar a Cyril para enfrentarse a la realidad. Samantha lo lleva hasta la puerta del restaurante para que sea capaz de enfrentarse y vivir el dolor irremediable para conseguir su realización como persona. Este relato clásico es lo que propone que, sin negar la verdad, el ser humano pueda construir una palabra que le permita seguir viviendo, construyendo y edificando la realidad.
El niño ha percibido con las palabras de su padre la caída de lo imaginario y ante él comparece lo real.  aquello que viene a resquebrajar la plenitud narcisista del Yo; o […] lo que se deduce del hecho, asumido radicalmente, de que el mundo no está hecho para nosotros –pero es muy difícil apearse de ese narcisismo elemental que fantasea el mundo como hecho, de una o de otra manera, para nosotros, para que podamos pensarlo, entenderlo, para que en él podamos satisfacer nuestro deseo. (González Requena, 1997, p.56.)

El niño se autolesiona con el fin de conseguir despertar de esta pesadilla que representa el rechazo de su padre en la vida del niño. Sin embargo, lo real activará la búsqueda, movilizará la voluntad de saber, la pasión de la verdad.
Por otro lado Samantha poco a poco ha ido descubriendo su lado femenino-materno desde la integridad que encarna este personaje, integridad que le hará desarrollar su amor por Cyril, un amor que ya entrevemos al final de esta dura secuencia donde tras la aflicción de Cyril hay una esperanza, el amor de Samantha.

Consecuencia de esa razón ética que impulsa a Samantha a educar a Cyril, es el abandono de su novio que no sin disgusto se va del coche y la deja. El novio de Samantha, Gilles, no puede entender la preferencia por Cyril, puesto que el percibe al niño como insolente e ingrato. Sin embargo la lealtad ciega de Samantha al chico resulta ser un punto de inflexión crucial en su relación: Cyril es capaz finalmente de reconocer a alguien que desea priorizar los intereses del niño por encima de los suyos propios y eso es lo mejor que le puede pasar a un niño abandonado.

Samantha hace una elección con Cyril ante la falta de humanidad de Gilles y pasa a soportar el peso tanto del padre como de la madre. En esta elección vemos ya que el deseo de Samantha, que el deseo de su parte femenina, evoluciona hacia la maternidad. Samantha opta por la maternidad aún a costa de perder a su pareja. En la Conferencia sobre la Feminidad, el mismo Freud afirma que la salida esencialmente femenina corresponde a la maternidad; la situación femenina sólo se establece cuando el deseo del pene se sustituye por el deseo del hijo, y entonces, siguiendo una antigua equivalencia simbólica, el hijo aparece en lugar del pene (1932). Sin embargo tal y como fundamenta Silvia Vegetti-Finzi.

El psicoanálisis no ha logrado aún reconstruir la conexión de la sexualidad con la maternidad, la estrecha interrelación de ambos recorridos evolutivos, sus interferencias. Sin embargo, sabemos que una mujer se siente tal en la medida en que logra reconocer y aceptar esta doble economía de su mente y su cuerpo. Esto no significa que tenga que ser madre biológicamente para “realizarse”. Las potencialidades generativas, sustraídas a la represión, pueden extenderse a múltiples proyectos de vida: el tejido imaginario, una vez recuperado por la consciencia, puede convertirse en materia prima de una nueva y diversa creatividad femenina. (Vegetti-Finzi, 1996, p. 124.)

Gilles, la pareja de Samantha, se presenta en este caso como el Oponente castigador de nuevo, como el padre que no pondera los valores éticos, solo el chantaje emocional y la castración. Sin embargo Samantha, desde su integridad y solidez sigue un patrón femenino evolucionado, el patrón moral evolucionado del que hablábamos en nuestras hipótesis, el testigo recogido de la caída de los valores de la figura paterna y la masculinidad.

Ha sido el hecho de estar expuestas a la mirada del hombre lo que nos ha forjado tal como nos vemos hoy: encubiertas por capas de “deber ser”, que se nos han propuesto como modelos de identidad, que hemos tenido que asumir como propios y elaborar individualmente. (Ibíd., p. 239.)

Tras la ruptura con Gilles, Cyril y Samantha hacen vida de familia. Más tranquilamente Samantha trata de hacer entender a Cyril su preocupación por él. Samantha prohíbe a Cyril salir sólo por la noche, pues además de no ser propio de su edad, sabe que el niño se está relacionando con un traficante. La actitud prohibitiva de Samantha frustra a Cyril, y de nuevo la frustración lleva a la transgresión y provoca la violencia de Cyril que acaba agrediendo a Samantha con unas tijeras. Cyril vive, como a menudo hacen los niños de hogares desestructurados, en un estado de negación, ha tenido que acostumbrarse a sobrevivir al oscuro paisaje emocional en el que reside y la falta de apoyo de Samantha para dejarle salir en estos momentos no es comprendida por el niño como protección, sino como negación, es por esta razón que Cyril reacciona de ese modo y se va con su amigo el delincuente. Samantha ante lo sucedido, el no haber podido cumplir su Tarea, tiene una pequeña crisis de nervios, pero pronto toma las riendas de la razón y llama al centro para informar a los educadores de que Cyril se ha escapado. Silvia Vegetti-Finzi se expresa de esta manera al hablar del componente materno de la feminidad;Cuando el psicoanálisis aborda el componente materno de la feminidad, se encuentra inevitablemente suspendido en la fase preedípica, es decir, en el periodo de la vida durante el cual el niño participa de la identidad materna, es uno con ella, con su cuerpo, con sus fantasmas. Finalmente se dice que nos encontramos antes de la triangulación familiar, en una dimensión de la experiencia que no se sitúa entre las coordenadas de la sociedad y la cultura porque constituye un antecedente con respecto al tiempo histórico y al carácter contractual de sus relaciones. (Ibíd., p. 124.)

Sin embargo aquí Samantha es símbolo, no es solo pre Edipo imaginario, sino que sirve de símbolo como la figura masculina lo hace en el complejo de Edipo. Sirvámonos de los diálogos, cuando llama a los educadores, para dar cuenta de ello: Samantha: buenas noches, soy Samantha, la familia de acogida de Cyril, ¿podría hablar con un educador? Es curioso que Samantha se defina a sí misma como la familia, pues ella vive sola y es soltera, pero así es, ella es el padre y la madre en estos momentos y así se nombra a sí misma. En esta situación concreta, Samantha cumple para Cyril una función negativa, la de la Oponente tras la situación de prohibición que ha tenido lugar en la peluquería. Samantha se ha puesto en el lugar del padre, y por lo tanto, antes o después deberá constituirse en modelo identificatorio: sin embargo Samantha no se constituirá solamente como modelo identificatorio imaginario, sino también como la ley de índole simbólica, pues se trata ahora de una identificación con la ley que encarna Samantha. Sabemos que el complejo de Edipo estudia las primeras relaciones con carga libidinal, cuyo conflicto se desata con la llegada del tercero, que rompe la relación dual inicial, sin embargo, aquí no va a cuajar ninguna relación triangular sujeta al deseo, porque Samantha se constituirá como madre y como padre.

Cyril vuelve a casa de Samantha y se disculpa con ella por haber herido su brazo en la lucha anterior y expresa su deseo de vivir con ella de forma permanente. Cyril finalmente acepta el sentimiento genuino de Samantha por él y, su vínculo se fortalece. La Tarea de Samantha podemos decir que se ha logrado con éxito, en tanto al inicio del film Cyril, aparece buscando incesantemente una trama simbólica que lo aloje, y ahora ya hacia el final vemos emerger a un Sujeto que gracias a Samantha se responsabiliza de sus actos. Tal y como declara López Giselle hablando de Cyril: […] Sujeto que no emerge azarosamente, sino propiciado por Otro que lo aloja amorosamente y que no lo desresponsabiliza ni por su condición de niño ni por haber sido abandonado (2015).

Como expone López Giselle, el Sujeto de la responsabilidad subjetiva, no emerge aleatoriamente. Samantha ha ofrecido las condiciones de posibilidad para que el niño, que ha cometido un acto que es penalizado por la ley, pueda responsabilizarse por lo sucedido. La condición ha sido el amor. Por la vía amorosa Samantha aloja al Sujeto pero no le quita responsabilidad.

Samantha es oficialmente la tutora de Cyril y ambos parece que celebran un fin de semana tranquilo a orillas del río Mosa. Samantha y Cyril intercambian sus bicicletas. Por primera vez la bicicleta deja de ser ese Objeto intocable para Cyril. Incluso ahora prefiere la bicicleta de Samantha porque corre más.

Hacia el final del film, Cyril y Samantha pasean por una rivera, cada uno en su bicicleta. Cyril advierte que la de Samantha cobra mayor velocidad, y le propone intercambiarlas. Leemos allí una bella metáfora de este pasaje (…): la adherencia del niño hacia un Objeto claramente articulado al padre biológico y sus recuerdos de infancia, ahora cede. Es posible un movimiento, un desasimiento de ese Objeto para investir Otro, una nueva bicicleta, que re- presenta a Samantha, en tanto Otro que lo elije, le hace un lugar, lo ubica en el lugar de Sujeto,Sujeto deseado y deseante. (Ibídem)

Ahora si podemos responder a las preguntas que englobábamos en nuestros objetivos y que ponían en cuestión la renovación femenina hacia la maternidad a través de los valores éticos y tras la caída de la figura paterna en la sociedad llamada posmoderna. Hay que recordar que efectivamente en El niño de la bicicleta se aniquila el concepto tradicional de unidad familiar y el itinerario que atraviesa el niño, Cyril, en esta situación para encontrar un lugar como Sujeto, está lleno de dificultades en el marco de la sociedad que le rodea. A partir de aquí es cuando comenzamos a observar todo el resto de rasgos característicos de la sociedad posmoderna que rodean al niño y a su situación: el engañoso progreso técnico burocrático que acaba fallando en la educación, la ausencia de integridad, la anomia social o la necesidad de deshacerse del pasado, idea de fondo en la primera parte del film. En el film se describe la representación del deseo del olvido, del olvido de esta verdad que se torna molesta para el padre de Cyril, pero también la enunciación deja ver sin embargo que hay que aceptar esa verdad, lo que se pone en escena a través del personaje de Samantha.

Al hilo de esta primera conclusión podemos contestar a la cuestión que se nos plantea acerca de si propone la enunciación una caída de la identidad masculina y de la función paterna en pro del valor ético en la relación materno-filial.
Pues bien, todas las figuras masculinas destacadas en el film, de una u otra manera convierten al niño en un ser que vive en la constante negación; así ocurre con su padre, con sus educadores, con Wes el traficante e incluso con Gilles y las víctimas del robo, en definitiva con todas las figuras masculinas que aparecen, porque ninguna de ellas es capaz de compadecerse por el niño, porque ninguna de estás figuras está estructurada desde el compromiso ético.

Por otro lado, la función negativa, de Oponente, que ejerce el padre en este relato, es la que impide que éste se constituya como modelo de identificación de índole simbólica, y por lo tanto la enunciación le concede esta responsabilidad a la figura femenina.

Respecto a la renovación de lo femenino- materno que se viene generando en el film, podemos decir, que la experiencia femenina, está gestada desde un sistema alternativo que se funda en la experiencia de lo real, verdadera y auténtica y en la construcción de un sistema moral que permite reinterpretar y valorar la experiencia femenina en otros términos, relacionados estos con la fidelidad al propio deseo y con el reconocimiento de la propia experiencia. En el personaje de Samantha, encontramos no solamente una figura materna, que nace una entrega de amor desinteresado y una compasión, sino también una figura materna que se instituye desde un nuevo punto de vista, tras la crisis de los valores de la modernidad y la llegada de la posmodernidad a la sociedad de hoy en día.

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